Menor coste mensual de vigilancia
En lugar de las horas sustituidas entra tecnología, cuyo funcionamiento cuesta una fracción de lo que cuesta el personal.
El personal y la seguridad electrónica moderna dan juntos un nivel de seguridad más alto: apoyan el trabajo de los vigilantes y reparten las tareas con mayor eficacia.
La presencia física 24 horas es el recurso de seguridad más caro que puede mantener un recinto. Su coste sube año tras año mientras en la mayoría de las horas de servicio no ocurre nada: el vigilante está, pero no tiene qué hacer.
Reducir la plantilla sin más, en cambio, es un riesgo: si nada ocupa su lugar, sencillamente hay menos gente mirando la misma superficie. La pregunta no es «cuántos vigilantes», sino «qué hay que vigilar, cuándo y con qué sale más económico».
Revisamos en qué turnos, en qué zonas y ante qué eventos hace falta realmente presencia humana, y dónde basta con la tecnología.
Normalmente la noche, el fin de semana y las horas muertas son las primeras: allí la atención de la cámara y del operador es más fiable que un ojo humano que se cansa.
Videoanalítica en las zonas críticas, líneas virtuales en la valla, monitorización remota desde la central y una unidad de acuda de respaldo.
Los datos de la gestión digital del servicio muestran mes a mes dónde se puede reducir todavía y dónde conviene reforzar de nuevo.
En lugar de las horas sustituidas entra tecnología, cuyo funcionamiento cuesta una fracción de lo que cuesta el personal.
La cámara no se duerme ni se va de descanso: los puntos ciegos desaparecen durante el estudio.
Cada servicio que se mantiene y cada evento quedan documentados digitalmente.
No damos una cifra sin estudio, porque sería solo una suposición. La proporción depende de cuántas horas de servicio transcurren sin incidencias: la mayor reserva suele estar en las noches y los fines de semana.
El objetivo no es quitar al vigilante, sino sustituirlo allí donde la tecnología es más fiable. En los puntos críticos que exigen juicio humano, los vigilantes se quedan.
Depende del número de horas sustituidas y del alcance de la tecnología. Lo calculamos por adelantado en el presupuesto detallado, para que después no haya sorpresas.
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